Cómo se juega
Que se vayan ellos · Un simulador de dirigencia futbolística argentina
Sos un dirigente de dudosa procedencia y acabás de agarrar un club. Cada año te llega un problema y elegís entre dos o tres salidas. Todas cuestan algo. La partida dura entre cinco y diez minutos, es gratis, no hay que instalar nada y no hace falta registrarse.
El bucle
Siempre es lo mismo, y siempre pasan cuatro cosas:
- Te llega una carta. Una situación en dos o tres frases.
- Elegís. Dos o tres opciones, y ninguna es gratis.
- Te contamos qué pasó. Una línea con la consecuencia real de eso que elegiste, escrita a mano para esa opción.
- Se juega la temporada. Salís campeón, no pasa nada, o te vas al descenso. Y pasa un año de tu vida.
Un evento es una temporada es un año. Arrancás a los 35 y a los 70 te jubilan sí o sí. Entre medio hay unos veinte turnos, o bastante menos si te fundís antes.
Las tres barras
Van de 0 a 100 y las tres están a la vista todo el tiempo.
| Barra | Qué mide | Si llega a cero |
|---|---|---|
| Arcas | La plata del club | Quiebra. Es la muerte más común, lejos |
| Plantel | Qué contentos están los jugadores | Te sueltan la mano |
| Fama | Cuánto te quiere la gente | Elecciones adelantadas |
La fama es la única que corta para los dos lados. En cero te echan, pero pasando 75 se abre la carrera política y empiezan a aparecer cartas que antes no existían: te llaman de un partido, te ofrecen una banca, te invitan a cenar con un gobernador. Es barra de vida y llave de contenido al mismo tiempo.
Hay una cuarta que no se muestra nunca: el nivel deportivo, que es lo que decide si salís campeón o te vas al descenso. Se intuye por los resultados, como en la vida. Sube con fichajes y con inversión en inferiores, y baja sola todos los años: quedarte quieto es ir para atrás.
Los títulos
Al cierre de cada temporada se juega el año. Hay cinco cosas que podés ganar, y son una escalera: Primera División, Copa Nacional, Copa Sudamérica y Copa de Campeones, más el Ascenso si venías de abajo.
Las dos continentales están encadenadas: es imposible ganar la de Campeones sin haber ganado antes la Sudamérica. Primero salís campeón local, eso te clasifica, ganás la chica, y recién ahí se te abre la grande.
Y se puede descender
Descender no es solo un golpe: te manda a la B, donde no hay copas y lo único que se juega es volver. Cuatro de cada diez partidas bajan alguna vez, y algo menos de seis de cada diez de esas consiguen volver. El resto termina la carrera ahí abajo.
Las elecciones, cada cuatro años
El puesto no se tiene, se revalida. Cada cuatro temporadas hay urnas, y el apoyo sale de tu fama y de las arcas del club. No es una tirada de dados: con las mismas barras el resultado es siempre el mismo, así que perder el puesto se siente como la consecuencia de cuatro años y no como mala suerte.
Perder la primera no te elimina. Se abre una campaña de cuatro cartas donde el juego cambia de tema por completo: asados para los socios, recorrer las filiales, prometer un refuerzo que no podés pagar. Al quinto turno se vota de nuevo, y ahí no hay red.
La cabecera te avisa: hay un contador de cuántos turnos faltan para votar.
Los favores a la barra
La barra brava te va a ofrecer cosas: llenar la asamblea de socios afines, poner el aguante en la tribuna. Nada de eso es gratis, y aunque no te cobren en el momento, el contador de favores sube.
Lo vas a ver arriba, al lado de las copas. Cuando llega a tres se pone en rojo, y a partir de ahí cualquier barra que llegue a cero termina la partida de una forma distinta: escapando.
El contrarreloj
Una de cada ocho cartas te da seis segundos para decidir. Si no elegís, elige el reloj, y el reloj siempre elige mal. Son las urgencias: un audio tuyo que está por salir al aire, piedras en la tribuna, el mercado de pases cerrando.
Los finales
Hay diez, y ninguna partida termina en una pantalla que diga "perdiste": termina en una historia, con su ilustración. Seis son derrotas, cuatro son cargos políticos, y uno es simplemente llegar a los 70 y jubilarte.
Ganar es raro: menos de una partida de cada diez termina en un cargo político, y cuál te toca depende de con cuánta fama llegaste. La presidencia de la Nación la ve menos de una partida de cada cincuenta.
Los finales que descubrís quedan guardados. Si te hacés una cuenta, el prontuario te sigue entre dispositivos: los finales vistos, las copas ganadas y tus récords. Nunca te da una ventaja: es un museo de lo que hiciste, no una tienda. Todas las partidas empiezan iguales.
Tres cosas que conviene saber antes de empezar
- Las arcas se acaban antes de lo que parece. Es la causa de muerte más frecuente, y por lejos. Decir que sí a todo el mundo es la forma más rápida de fundir un club.
- El nivel deportivo baja solo. Si no reinvertís, en cinco años tenés un equipo que no gana nada aunque el vestuario esté feliz.
- Los favores de la barra se pagan tarde. Lo que aceptás hoy vuelve dos o tres años después, casi siempre en el peor momento.